Reflexiones

6 trucos para combatir el síndrome del impostor

 

Cuando me planteé escribir este blog empecé a investigar otras páginas, me documenté, creé paneles de inspiración, abrí un cuaderno nuevo y una placentera sensación de ilusión se apoderó de mí. Entonces apareció él. El señor enmascarado. Gritándome que dónde iba, que quién era yo para dar consejos, que quién me iba a leer y demás cosas bonitas. No me sorprendió su presencia, ya éramos viejos conocidos. Era el mismo que me decía que no levantara la mano en clase aunque después el profesor dijera lo mismo que iba a decir yo, el que me susurraba que no me iban a dar ese trabajo, el que me gritaba que igual tampoco hacía tan bien mi trabajo como para andar pidiendo aumentos. El maravilloso Síndrome del Impostor.

El Síndrome del fraude o síndrome del impostor, término acuñado por los psicólogos clínicos Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978, es un trastorno psicológico (aunque no reconocido como trastorno mental) que hace que el que lo sufre sea incapaz de reconocer realmente todos sus éxitos y se vea a sí mismo como un fraude ante los demás, como si no mereciese los logros conseguidos. Además, siempre piensa que va a acabar siendo descubierto como un fraude.

Este síndrome se da más en las mujeres. Gran parte de esto se debe a las normas sociales y a la educación que no contribuyen especialmente al desarrollo de la confianza femenina. Yo añadiría además la falta de referentes como un problema añadido. Es difícil pensar que puedes llegar a hacer algo si no has visto a nadie con el que te sientas mínimamente identificada llegar.

Las personas que padecen este síndrome, además, suelen ser personas muy preparadas. Lógicamente cuanto más sabes más te das cuenta de lo mucho que te quedaría por aprender. Esto te lleva a veces a la sobreformación. Por supuesto, formarse es algo positivo y mantener siempre la curiosidad también, pero el problema viene cuando llega un punto en el que no podemos confiar en nuestras aptitudes sin tener una ristra de papeles con membrete detrás que nos respalden. Yo misma, si pusiera en mi CV todos los cursos que he hecho tendría que talar medio amazonas para imprimirlo.

Obviamente, habrás notado que este síndrome supone una carga para tu desarrollo puesto que al no creerte merecedora del éxito es más difícil que luches por alcanzarlo. Además, en el caso de que lo hicieses siempre tendrías una ansiedad añadida al estar en alerta por si “te descubren”. Puede parecer una forma de inseguridad o falta de autoestima y en algunos casos esto puede ser la base, pero en el mío apuntaría más a una autoexigencia exagerada. Yo no es que no me crea capaz de hacer algo o merecedora del éxito es que siempre pienso que podría hacerse mejor, que igual no he dado todo lo que podría y que se van a dar cuenta de que o bien no soy tan lista como creen o de que no me he implicado lo suficiente.

Yo, lo confieso, he sufrido mucho este síndrome y aún, a día de hoy, sigue apareciendo de vez en cuando. Por eso, porque lo he vivido, te voy a dejar algunos consejos que a mí me han funcionado para combatirlo. Esto no quiere decir que sean útiles para ti, pero posiblemente te ayuden a reflexionar sobre la mejor manera de combatir tu propio síndrome.

1.- RECONOCERLO

Es más fácil combatir al enemigo cuando lo conoces a fondo. Y es más sencillo vencer un problema cuando reconoces que lo tienes y le pones nombre. Por eso, es básico reconocer que tienes este síndrome y que no, no es objetivo lo que piensas acerca de tus capacidades.

También es importante conocerse a fondo uno mismo, aunque esto es básico para la vida en general. No puedes ir por el mundo sin conocerte bien. Tómate un tiempo. Dedícatelo. Conócete y serás mucho más poderoso.

2.- PREGUNTA A OTRAS PERSONAS DE TU ENTORNO

Antes te he dicho que no es objetivo lo que piensas sobre tus capacidades. Tampoco se trata de pensar que eres todo talento, pero tienes que ser consciente de que si alguien te premia o si te conceden un ascenso o un premio, no es que estén engañados. Es que lo mereces.

Por eso es bueno preguntar a las personas de tu entorno para que te digan tres o cuatro cualidades que destacarían en ti.

No te juzgues, ni intentes rechazar lo que te dicen. Asúmelo, da las gracias y empieza a creértelo un poquito.

3.- TRÁTATE COMO TRATARÍAS A UN AMIGO

Te parecerá raro, pero yo no soy una persona especialmente exigente con los demás. Entiendo que nadie es perfecto y considero que todo el mundo es inteligente y que todos tenemos unas capacidades. Sin embargo, conmigo soy mucho más exigente. No porque no me vea capaz sino por todo lo contrario. Creo que lo soy y no me permito no serlo.

Por eso a veces intento pensar en mí como si fuera otra persona y aplicarme la manera con la que juzgo a los demás, para darme más cancha, para darme cuenta de que igual puedo, pero no tiene por qué ser hoy. Y que igual no puedo y tampoco pasa nada.

4.- FAKE IT TILL YOU MAKE IT

Esta frase en inglés que viene a significar algo así como “fingelo hasta que lo consigas” es una especie de mantra para mí.

Puede que hoy no te veas capaz de algo, o que pienses que no das el perfil, pero si empiezas a actuar como si sí fueras capaz o la persona perfecta para realizar algo, acabas creyéndotelo y cuando eso ocurre te sientes mucho más capaz de llevarlo a cabo. No se trata de engañar a los demás sino, en todo caso, de autoconvencerte tú misma.

5.- FLÍPATE

Tendemos a pensar que fliparse es algo malo, pero creo que solo es negativo si implica creerse mejor que otro. Pero fliparse, no tiene porqué conllevar la comparación, fliparse es venirse arriba uno mismo consigo mismo y eso es maravilloso. Además, como dice Lucía Be, es algo que nadie va a hacer por ti.

6.- PIDE AYUDA SI LA NECESITAS

Los cinco consejos que te he dado responden a mi experiencia personal, pero no soy psicóloga.

A veces, este síndrome tiene causas subyacentes más profundas que te están bloqueando y te impiden avanzar. O a veces, simplemente, no podemos avanzar por nosotros mismos y necesitamos que alguien nos ayude. No dudes en acudir a un psicólogo para que te ayude a desentrañar las causas y que te ayude a avanzar.

Para terminar, te dejo con una anécdota que el escritor Neil Gaiman contaba en su web a un fan que le preguntó si alguna vez había sentido el síndrome del impostor.

Pongamos que tienes trabajo y disfrutas de una etapa de éxito, doblemente afortunado. Por tus logros profesionales acudes a una fiesta con invitados apasionantes: científicos, artistas, investigadores, escritores… ¡Incluso gente que ha descubierto cosas! Llegas al sarao y empiezas a sentir que en cualquier momento alguien se va a dar cuenta de que tú ahí no pintas nada. Empiezas a charlar con otro invitado. Os hace gracia que sois tocayos y, hablando un poco de todo, te suelta: “Miro a toda esta gente y pienso, ¿qué diablos hago yo aquí? Esta gente ha hecho cosas extraordinarias. Yo sólo fui donde me mandaron”. El otro invitado, ell que pronunció esa frase, era el astronauta Neil Armstrong (*).

Cuéntame, ¿has vivido alguna vez el síndrome del impostor en tus carnes? ¿Qué has hecho (o haces) para luchar contra él?

*Anécdota leída en el artículo Impostores publicado por Lucía González en El País el 27 de mayo de 2017. Link al artículo.

2 comentarios

  1. Karmenlqni
    24 abril, 2021

    Muy bien explicado. Me he sentido muy identificada. Me ha encantado lo de venirse arriba jajaja. Tomo nota de los tips.

    Responder
    • admin
      24 abril, 2021

      ¡Gracias! Venirse arriba siempre es bueno 😛 Muchas gracias por pasarte por aquí 😉

      Responder

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